sensaciones ligeras

Los pensamientos viven y mueren a la velocidad de un río que desciende por la alta montaña. El caos que crean cobra cierto sentido de orden global cuando aparece, como un flash, un recuerdo concreto. Eso lleva a los músculos faciales a deformarse en una fugaz sonrisa acompañada de otro fugaz recorrido visual por el entorno. Todo es cuestión de segundos y dentro de mí hierve un mundo distinto.

La hierba que aplasto es mullida y desprende un olor fresco y relajante, el último resquicio del verano. Tiendo el brazo y abro la palma de mi mano para notar su cosquilleo, y la sensación, por simple que sea, me resulta incomparable en ese instante. Es mediodía y el sol está en todo su otoñal esplendor mientras que, a través del bullicio humano que está no muy lejos de donde estoy yo, prevalece el leve canto de las hojas agitadas por el viento, avisando de la llegada del frío. Enterabro los ojos unos segundos y el paisaje aparece como una mezcla de colores y sonidos difuminados e imprecisos que realizan una danza alegre y sin sentido. Sigo oliendo la hierba que está a tan sólo unos centímetros de mi cara. La racionalidad deja paso al reflejo y al sentimiento, todo me parece inexplicable pero siento que es vital.

Nada puede ser más agradable, pienso, y en mi mente emerge una cara, se escucha una risa lejana, afloran sensaciones casi olvidadas.

No hay comentarios: