El mar, y sólo el mar. Rendirse a la azul infinidad y dejarse abatir por sus olas, respirar su aire y sentir su olor para volver a llenarse de vida. Olvidarlo todo, y sentirlo todo. Y finalmente llorar la nostalgia, la infelicidad de existir y no vivir.
"...pero era mi integridad lo que era importante. ¿Es eso tan egoísta? Se vende por tan poco, pero es todo lo que nos queda en este lugar. Es la muy última pulgada de nosotros... pero dentro de esa pulgada somos libres."
Way to blue
El tren iba a sin prisa y la gente que lo ocupaba parecía estar fuera del tiempo, dirigiendo miradas a la oscuridad de la noche que en ocasiones aparecía interrumpida por difusas lucecitas. La joven pero intensa noche me hacía pensar de manera obsesiva en algo que creía vital realizar cuanto antes. Lo creía descabellado y bastante improbable de llevar a cabo pero necesario en la misma proporción o más. La huida. El reencuentro con uno mismo. La inmensidad del mar frente a la limitada razón, cada vez más deformada por la absurda vida que conlleva esta ciudad, estas instituciones que me ahogan, el engranaje social, la mayor farsa de la humanidad, que me ha absorbido y obligado a un rol indeseable y vomitivo.
sensaciones ligeras
Los pensamientos viven y mueren a la velocidad de un río que desciende por la alta montaña. El caos que crean cobra cierto sentido de orden global cuando aparece, como un flash, un recuerdo concreto. Eso lleva a los músculos faciales a deformarse en una fugaz sonrisa acompañada de otro fugaz recorrido visual por el entorno. Todo es cuestión de segundos y dentro de mí hierve un mundo distinto.
La hierba que aplasto es mullida y desprende un olor fresco y relajante, el último resquicio del verano. Tiendo el brazo y abro la palma de mi mano para notar su cosquilleo, y la sensación, por simple que sea, me resulta incomparable en ese instante. Es mediodía y el sol está en todo su otoñal esplendor mientras que, a través del bullicio humano que está no muy lejos de donde estoy yo, prevalece el leve canto de las hojas agitadas por el viento, avisando de la llegada del frío. Enterabro los ojos unos segundos y el paisaje aparece como una mezcla de colores y sonidos difuminados e imprecisos que realizan una danza alegre y sin sentido. Sigo oliendo la hierba que está a tan sólo unos centímetros de mi cara. La racionalidad deja paso al reflejo y al sentimiento, todo me parece inexplicable pero siento que es vital.
Nada puede ser más agradable, pienso, y en mi mente emerge una cara, se escucha una risa lejana, afloran sensaciones casi olvidadas.
and then you kissed me
Todo pasó durante una noche cualquiera de principios de la estación estival en la capital de las tentaciones cumplidas.
Hora de quedada. Todos llegan tarde. La plaza "esperadero" se llena de otros muchos como yo. Todos esperamos conjuntamente y después tomamos nuestro camino. Impaciencia. Por qué se retrasan tanto. Esta noche puede serlo todo o nada. Paciencia; no puedo. Dónde están. Ahí va uno, por fin alguien se digna a aparecer. Pasan los minutos y la impaciencia no hace más que crecer. En este momento soy la persona menos indicada para mantener una conversación. Pasan los minutos y aparece el resto. Bien, vamos allá. Menos mal que la sala está próxima. Vaya, ni siquiera han empezado, estupendo, ahora tengo que esperar. No puedo dejar de pensar en cómo se desarrollarán los acontecimientos de más tarde. No tengo ningún plan.
Ahí están, por fin. Mercedez Benz a capella, qué valor. Mejor será que pida algo para calmar el espíritu; una cerveza va estupenda. Vaya, cómo suda el vocalista, ¿lo vivirá de verdad o sólo será el esfuerzo de garganta que le está costando cada nota? Lo cierto es que me da lo mismo, yo sólo pienso en una cosa. La gente que viene a sus conciertos no dejan de sorprenderme con su pasividad. Oh, ahí hay una loca que no deja de menearse como una enloquecida. Ah, es que la estaban fotografiando. Je, ahí entra el que se proclama músico y ni sabe tocar la guitarra. Siempre he pensado que venir a ver a este grupo le debe de dar mucha envidia. Si al menos pudiera quitarme esa idea de la cabeza durante el tiempo que dura esto...
Ya acaba. Fuera, venga, vámonos, debemos llegar cuanto antes, la fiesta ha empezado hace muchas horas. Ni siquiera sé qué me espera allá adonde me dirijo; sólo es un rostro el que ha llenado mi visión y una mirada sensual que me invita. No resisto tal ceguera, tan incierta y tan intensa como una tormenta de verano. He perdido toda capacidad de raciocinio y sólo quiero llegar para mirarme en aquellos ojos que siento en lo más hondo y me desnudan y me examinan. Esta noche puede pasar todo o nada, y yo ni siquiera sé si mi paranoia es compartida. Bella incertidumbre, quisiera ser como tú y vivir tu vida, corta y dolorosa, pero más dulce que la ambrosía. ¡Oh, ahí está! Una expresión tímida pero sonriente se asoma detrás de la puerta. Es imparable la aparición de satisfacción sobre mi cara mientras cruzo el umbral y educadamente procedo a saludar a los anfitriones.
¡Qué noche! Qué noche más confusa e incierta, ¡qué está pasando!, ¡qué hago!. Sólo soy un burujo de emociones titubeantes que va de aquí para allá y de allá para aquí. El final está cerca y yo estoy con la cabeza y las manos vacías. Vámonos, clavo mis ojos en los suyos, vámonos antes que los demás. Una vez siento el aire en mi cara y sólo puedo suspirar de alivio, oigo su voz...
Me giré en silencio, sonreí y me acerqué a probar lo que tantas noches habías soñado. Más tarde, cuando nos separamos, me dejó con una sonrisa en la cara que ni de lejos podía expresar lo que había detrás de ella.
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