Del cáncer y la frustración

Nunca había tenido tan pocas palabras para expresar mis pensamientos.
Nunca había tenido tantos pensamientos irracionales: desnudos y carentes de toda base, como hijos nacidos de la nada, huérfanos que fabrica el universo, los lanza al vacío, los dispersa con furia por su vasto vientre y los hace volar hacia la agónica muerte que, más que definitiva, deja en su lugar atrofiadas figuras, muñones suplicantes con el destino seguro de ser un eterno cáncer.

soy Casandra
soy creación y soy muerte en cada pensamiento
A veces soy la agonía de un amor que no existe; no ahora pero sí en algún lugar.
soy la agonía de esa espera presente
soy el instante que no conoce la vida, el que busca la Vida
soy pero creo que firmemente que no soy
más que la visión de un oasis permanente, agarrada como una garrapata al resto de sesos
más que el verso que se cruza con mis ojos cada mañana, o cada tarde, o en cualquier momento del día, y otra vez desaparece en esta eterna frustración causada por mi búsqueda en las palabras

Quiero ser y creo que seré pero algo me dice que no,
que la vulgaridad es todo
que creer es de idiotas
que el ser humano odia con la irracionalidad más destructiva
y que también con ella ama
y que todo va con arreglo a esa irracionalidad que nos domina
y yo no hago más que arrastrarme perezosa dentro de este enjambre
sobre este escenario donde alguien olvidó dispersar el humo
No hay telón. No hay borde. No hay patio de butacas. Aquí es por amor al arte.
Ahora yo me piso los cordones, mirándome el ombligo, dando vueltas en mi propia trayectoria circular hasta que una mano me arrastre a otro círculo sin yo levantar la cabeza,
siempre arrastrada mirando ese ombligo feo