Envuelta en el silencio durante horas, resuenan en mi cabeza cosas que me dijiste; a las puertas del tren, en el sofá cuando te reías y me apartabas, en la cena no podías más y casi llorabas pero seguías picando; resonaba el silencio de tu cansancio en el tren de vuelta a casa, tu risa y tu beso cuando nos encontramos al salir de clase, los buenos días entre las sábanas y tu perdón por dejarme en el borde de la cama, los gemidos en la noche...
Y te veo. Te veo en cada cosa que hago y sonrío durante todo el día; sintiendo que estás en la otra habitación y vienes, seria, distraída, sonriente, ausente, más completa que cualquier Venus. Te veo en cada nota que suena, en cada palabra, en cada uno de mis paisajes diarios te veo a ti y siento la belleza del mundo entero en mi corazón, y soy feliz por el campo y las nubes que te vieron pasar mientras te alejabas y yo lloraba y reía de la felicidad de haberte tenido a mi lado.
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