Cada tarde, cuando voy a clase, no dejo de asombrarme por el excepcional paisaje otoñal en el que está envuelto el edificio de la facultad. Miro atontada las doradas cúspides de los árboles y me pregunto por qué diablos tiene que ser ésta una estación "triste", cuando lo que nos regala es un precioso panorama. Sobre todo el que he podido descubrir este año. Lo único triste que no deja de recordarme en todo momento es que mis días pasan con la rapidez con la que caen las hojas. Y lo que es más triste es el poco provecho que saco de ellos, -cosa que viene claramente motivada por la completa ausencia de seriedad en mi vida- sí. Pero que conste que esta ausencia de seriedad no se debe a conformismos de ningún tipo, tan sólo a vagancia en estado puro. Vagancia jamás conocida. Lo nunca visto en Gran Hermano. . . En fin.
Señoras y señores mayores, amas y amos de casa, jóvenes mozos y mozas, incompredidos adolescentes de orientación sexual incierta, pequeños revoltosos que ya tendríais que estar en la cama, bebés durmientes, perros, gatos, monos y leones de la selva, rosles y plantas cactáceas, sagrado césped de la Facultad de Ciencias de la Información, en fin, reinos animal, vegetal, hongos, protistas y moneras:A todos ustedes me dirijo para daros la noticia de lo feliz que me siento por haberme decidido, por fin, a cambiar el panorama que por aquí había durante las dos últimas semanas (o más).
Es el único objetivo de esta entrada: renovar la imagen del sitio, porque ya estaba harta de mi infinita vagancia y, además, me daba vergüenza. Hay varios temas, tímidamente escondidos en remotos rincones de mi mente, que quiero poder liberar lo antes posible. Prometo que seré lo menos zángana que pueda y me esforzaré, ya que, en realidad, al único ser viviente al que le interesa que yo escriba, soy yo.
Vale ya. No hay más que decir por ahora. Te quiero
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