Jueves, 4 de octubre
Hm... Vamos a ver, vamos a ver...
Esta entrada iba a coronarla con el título "Primer retraso". Como podéis observar, son palabras llenas de emoción e ilusión. Primer- indica el comienzo y la novedad, la alegria que éstos portan a mi vida; y, -retraso- es el término contradictorio. Tal vez pueda percibirse como un acto de rebeldía, ya que va en contra de las normas establecidas, pero esta vez ha sido involuntariamente, lo que lo dota de inocencia y dulzura. Je.
Sin embargo todo queda en el pasado, en ése "iba". Efectivamente, no llegué a la hora a la que tenía que empezar la clase, pero hoy no importaba, porque, al parecer, tampoco había venido el profesor.
Dejando de lado las clases, (por ahora, porque en un segundo vuelvo) me he fijado en que me fijo demasiado. O son las cosas que fijan mi mirada sobre ellas. En fin, he notado que pequeñeces intrascendentes han logrado llamar mi atención y, posteriormente, me han hecho pensar y pensar, como si no hubiera cosas más importantes.
Lo curioso de estas historias sin desarrollo es que han llegado a perdurar en mi mente y he coseguido sacar preguntas bastantes afirmativas. He pensado, también, que no estaría mal ir apuntando algunas que me parezcan más graciosas, para, luego, poder exponerlas a manos de mis codiciosos y hambrientos lectores.
A lo mejor este proyecto de futuro no sea muy buena idea, porque por culpa de esas insignificancias ayer casi me salto la parada del metro. (eso pasa por hurgar en conversaciones ajenas...) Claro, que tampoco se puede culpar a mi sentido innato de desorientación y mi infinita distracción. Sí, soy el despiste en persona, y me siento feliz.
Vuelvo a las clases. Bueno, concretamente, a la clase. En principio, es una de las que me gustan y se me dan bien. El profesor, de aspecto ordinario, no merece ser comentado. Me da que éste es de los buenos, cosa que me alegra mucho, porque, por muy vaga que sea, soy bastante curiosa y "sabelotodo". Todos acojonados y convencidos de que no aprobaríamos ni borrachos, escuchamos su inicial charla, en la cual expuso su programa, dio la bibliografía y las lecturas obligatorias (¡Lenin y Chomsky!) y empezó a ¡dar clase! Emocionante. Fue la primera clase dada de verdad. . . Que tuvo sus consecuencuias casi inmediatas: dolor de muñeca y un ligero zumbido en los oídos. Normal, joder, normal. Que todo lo que he escrito durante el verano ha sido la matrícula... Lo del zumbido lo entiendo también, pues escucharle y atender a lo que decía, me costó, por muy mínimo que sea, un esfuerzo mental. Pero todo esto duró un instante, un infeliz instante. Es más, quizás estoy exagerando, pero qué más da, si de lo que se trata es de ser feliz.

Vale. No entiendo a qué ha venido este inesperado, hasta para mí, giro, pero queda perdonado. ¿No puedo? Ésta es una conversación conmigo misma, así que yo decido lo que vale. Pero estoy segura de que todos estáis deacuerdo con eso: se trata de ser feliz. Y, ¿cómo se consigue la felicidad? No se consigue. No existe. No puedes ver un mendigo en la calle y ser feliz, no puedes presenciar una guerra y ser feliz. Hoy es imposible ser feliz, porque el mundo no nos lo permite, por más que intentemos cambiarlo, transformarlo y hacerlo más cómodo. Nunca todos seremos felices. Qué consuelo, ¿verdad? Aún así seguimos. Seguimos luchando por lo que creemos y queremos, por nuestros objetivos. Esta lucha deja que nos manifestemos como somos, nos ayuda a autoafirmarnos y a mostrarnos sin pudor, lo que, en parte, nos da una felicidad insustituible. Es una felicidad que cuesta y duele, pero no puede cambiarse por nada, porque hemos sido nosotros mismos y eso es un sentimiento único.
Es lo único que vale en esta vida: nuestra integridad y nuestros deseos.
PS: Esta pintura me llena los pulmones. Friedrich: El caminante ante el mar de niebla (1818)
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