viernes 27 de febrero de 2009

People have the power

People, be hold. We are rewriting history. We are in a new century and we are gonna reclean our political proces. We are gonna redefine the party system. Don't forget this night, this is just the beggining. Be proud and use your voice . Be happy, this streets will be yours, in a positive manner, and we have something to say: let raft debate.



Probablemente no haya frase más exaltadora del ser humano que la que usó Patti Smith para titular su canción. Al sonar, el crebro traduce del inglés el hilo palabras y, entre una música que parece un himno de la libertad, el corazón parece ensancharse dentro del pecho, rebosando de una mezcla entre frenesí y deseo que parecen inhumanos. Sin duda es uno de los cantos que mejor encuadran el bello sentimiento del amor a la humanidad, pues no puede haber reacción distinta a la de querer alzar a todo el mundo en masa y cambiar el mundo para hacer de él un sitio mejor, donde las personas se aman y expresan con libertad y sin pudor sus sentimientos. El sonido no deja de llenar mis venas de alegría.
La continua repetición del estribillo es como el llamamiento al despertar de los adormecidos, la iluminación de los infelices que, ya amargados por una vida que no es vida, están sumidos en la desgracia y el odio.
Pero hoy es distinto. Hoy, he notado la fragilidad de la fe, que tanto me cuesta mantener encendida. Hoy no he visto más que caras desvergonzadas y grotescas, que creen vivir algo que llaman vida. Qué blasfemia por su parte. Qué blasfemia nombrar lo más sagrado, lo que creen que conocen, aquello que han convertido en un sainete cualquiera mientras rinden culto al reflejo de su miedo en los iconos. Qué osados estos ciegos que no saben que lo que tienen delante es lo que hay que vivir. Qué triste. Hoy sólo he visto un cielo teñido de decepción, unas calles tan grandes y repletas que me hacían refugiarme en lo más hondo de mi corazón. Ese corazón que, pobre de él, ama y sufre con la misma intensidad. Ese necio corazón.
Y ellos ríen, hablan, lloran también, pero yo no entiendo sus razones, no entiendo sus aspiraciones, no entiendo por qué somos físicamente iguales y a la vez siento que parecemos seres de distintos planetas. Son éstos unos seres curiosos, que parecen funcionar por un goce material inmediato, egoísta y estúpido que no conlleva nada más que la satisfacción de los más ligeros sentidos. Me asombra esa capacidad de preocupación que tienen por el resto que les rodea, ese esfuerzo, - me imagino-, que tienen que hacer por mostrar indiferencia hacia todo, ese sometimiento a lo que les parece gigante e inamovible y, en fin, ese saber nulo que tienen de su propia existencia y fuerza, que no les permite ver más allá de sus burbujas flotantes.
Ese montón de seres, que dicen ser humanos, no ha sido hoy más que la mancha de decepción y asco de mi propio cuadro.

domingo 16 de noviembre de 2008

En todos los lugares

Hace días que convivo con la sensación de haber perdido algo. O algo que se ha ido solo. No lo sé, pero parece que no termino de creer que he perdido ese algo. Como si quisiera burlarse de mí, mi objeto perdido ha enviado esa ingenua sonrisa de confianza, que guardo- y quiero guardar- como una venda sobre los ojos que no quieren ver más realidad que la que se imaginan.
No obstante, voy a ser sincera y es que he buscado, y estoy buscando, incesantemente mi objeto perdido y, de verdad, lo busco en todos los lugares que una imaginación humana puede desarrollar. Dirán los que me rodean que es mentira, pero no saben que toda tarea que ocupa mi rutina es escondite posible para mi añorado objeto y, así, he convertido mi vida en un búsqueda (ojo, no quiero que esto se asocie a las míticas búsqueda de la verdad, del sentido de la vida, etc., repito: sólo es un objeto mío). Incluso voy a confesar que lo he intentado con sitios disparatados, ¡cualquier elemento que cae bajo mi mirada puede colaborar en devolverme lo perdido!, como los alimentos o las piedras del parque.
Por las mañanas, durante el sueño consciente, en lo primero que me fijo es en la inutilidad que y la pereza por levantarme que siento. Pero poco después lo niego, sé que allí no podía estar, sino en la mesa, donde estoy sentada ahora, leyendo. Entonces empiezo a buscarla entre las ojas, las palabras. Ahí está siempre, pero no tengo la vista entrenada todavía. Me despego y miro alrededor, y vuelvo a las ojas otra vez: ésas u otras, da igual, porque sé que está ahí. ¡Rabia! No sé verla, se escapa a mis ojos inexpertos y virginales, ansiosos del impacto, vagos para la exploración. Sigo, pero sé que no dará su fruto mi embobada mirada clavada en las letras, que no hace más que provocarme sudores. Más rabia, qué poca paciencia.
Más tarde la vuelvo a buscar fuera de la casa. Está por todas partes, en el aire. Sobre todo en Madrid. Sus edificios la gritan con palabras pomposas, mis rincones la dibujan en trazos y colores que evocan alegría y amor, los músicos la regalan con sus trompetas, él me la susurra cada instante... La leo en los ojos de la gente y en los graciosos andares de los perros. Veo su sombra en el cielo colorido del día y en la luna, que de noche parece sonreírme como una señora amable de piel pálida y ojos misteriosos. Cuando me ausento, la noto en mi interior, en los recuerdos y las emociones, en los ideales y los sueños: me llena toda, pero es tan grande que me aterra la idea de encerrarla en palabras que de tan joven y novata boca nacerían. Qué incapaza me siento y qué razón tiene ella al regalarme esa máscara de sonrisa ingenua y confiada.
[Siempre me acordaré de esa lombriz cuya única virtud era que estaba callada.]
Luego, a la noche, cuando me acuesto, pienso para consolarme que no hay más destino que el futuro y que, tarde o temprano, dejaré de buscarla, porque sé que no está en ningún otro lugar sino en el fondo mío donde ahora hierve excitada la Inspiración que algún día ordenará el caos imperante de esa cabeza jaquecosa.

lunes 7 de julio de 2008

Encontré un diario en la calle

Vuelta a un proyecto que empezó con más ilusión de la que tuvo en su desarrollo.


El bienestar constante tanto del cuerpo como de la mente es la suerte de los idiotas. "La salud es un estado pasajero que no presagia nada bueno" y sentirse feliz es... en fin, la felicidad es para mí un concepto ficticio. Tengo rachas, claro; momentos en los que pienso que la vida se ha olvidado de mí y por eso me va bien. Pero parece que hoy la vida se ha acordado de que se dejaba a alguien durante demasiado tiempo.
Caí en la cama acampañada de un mareo y los golpes en mi pecho que casi hacían daño. El pequeño pliegue temporal había terminado y ahora tenía que ocuparme otra vez de cuestiones que, aunque parecían haber quedado en el pasado, sabía que volverían. Es más, era evidente que volverían, pues es la única dirección que puede seguir mi vida: el futuro, y por más que aguarde silencioso, llega. Con él regresa amable el dolor de cabeza a diario, la incertidumbre y el riesgo en cada decisión que se me planta. Deportes extremos que me mantienen viva, ya lo creo que sí.
La habitación guardaba un desorden que sólo podía llenarme de cariño. Estaba donde me gustaba, donde era yo y no había nada ni nadie por encima. Nadie me mandaba doblar la ropa o hacer tareas y, no obstante, quería hacerlo. El último encuentro me dejó hecha polvo, pensando otra vez en que la pobreza en la que vivía no me permitiría la liberación hasta dentro de mucho tiempo. Este oscuro pensamiento desembocaba inmediatamente en complejas y aceleradas maquinaciones de un futuro casi presente. Quizás lo que me tenía tan preocupada que no me permitía ni pensar de forma coherente, era la existencia de otros factores en juego, aparte de mi libertad. Y esos mismos factores eran los que, por culpa de unos prejuicios que se habían encargado de grabar en mi mente, me hacían sentir una muy vergonzosa culpabilidad. Su moral y sus normas monopolistas convertían mi feliz pliegue temporal en un mero juego a esconderse y a rechazar sus dogmas desde la clandestinidad. Ante su Constitución estaba haciendo lo prohibido y ahora me sentía como el que ha cometido un crimen. Era este el pensamiento que querrían que tuviera y por eso me da vergüenza, porque ha habido veces en las que he dudado.
Pero he seguido. Nunca había creído que la integridad de mi ser puede ser tal como es ahora; tan libre y desatada, y vulnerable, y apasionada. El yo que escribe estas palabras ha sabido en todo momento dónde estaba y por qué estaba ahí, lo cual demuestra que su permanencia se ha debido a un deseo más intenso que el de tocar el cielo. Y aún así, dudo. Siempre.
Dejaba la mirada fugarse por la ventana abierta y, en un estado casi febril, intentaba encontrar una solución para mi individualidad. Estuve cerca de un cuarto de hora encerrada en una búsqueda cuyo final me era ya claro hace tiempo. Y era sobrecogedor. La noción del futuro siempre lo es.
Mi cabeza pareció mejorar después de una pastilla y un vaso de zumo. Me había levantado y casi me sentía yo otra vez, si no fuera por el miedo. A veces pienso en lo que me ayuda a levantarme y volver a tener mis ideas. Tiene que ser valor, pienso, el valor que tengo de ser yo misma. Pero la fuerza del impulso es demasiado grande y estoy casi segura de que tiene que haber alguna pizca de locura en todo este asunto.
Hablo de esa locura que también tiene otro nombre.

martes 3 de junio de 2008

Novedades

Hace falta escucharla sólo una vez.



Y la letra:

Al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, els ulls al vent, al vent del món.

(Al viento, la cara al viento, el corazón al viento, las manos al viento, los ojos al viento,
al viento del mundo)
I tots, tots plens de nit, buscant la llum, buscant la pau, buscant a déu, al vent del món

(Y todos, todos llenos de noche, buscando la luz, buscando la paz, buscando a dios, al viento del mundo)
La vida ens dóna penes, ja el nàixer és un gran plor: la vida pot ser eixe plor; però nosaltres
(La vida nos da penas, ya el nacer es un gran llanto: la vida puede ser ese llanto; pero nosotros)
al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, els ulls al vent, al vent del món

(al viento, la cara al viento, el corazón al viento, las manos al viento, los ojos al viento, al viento del mundo)
I tots, tots plens de nit, buscant la llum, buscant la pau, buscant a déu, al vent del món

(Y todos, todos llenos de noche buscando la luz, buscando la paz, buscando a dios, al viento del mundo).



Algunas mañana transcurren en destripar Youtube y gozar escuchando a Labordeta.